Mandar a criar malvas al prójimo ha sido un pasatiempo humano desde tiempos primigenios al que se ha dedicado con gran imaginación. Pero matar a alguien clandestinamente sin llamar la atención requiere de cierto refinamiento y discreción que durante muchísimo tiempo se confió a venenos, afiladas dagas y a una conspicua habilidad para escabullirse sin ser detectado. Con la llegada de las armas de fuego, la habilidad así como la fuerza bruta, pasaron a ser secundarias puesto que un alfeñique puede dejar seco a cualquier troglodita halterofílico descerrajándole uno o varios tiros mientras mantiene cierta distancia de seguridad. Sin embargo, el sonido de cualquier arma al disparar elimina la posibilidad de pasar desapercibido, con lo que el susodicho alfeñique se verá obligado a rendir cuentas inmediatamente ante los amigos y familiares del gorilón de marras, en un proceso rápido con escasas garantías para su integridad física. La gran cantidad de ruido que producen las armas de fuego tienen tres orígenes principales, a saber: los gases producidos por la deflagración de la pólvora, el mismo proyectil al sobrepasar la velocidad del sonido y, en menor medida pero no menos importante, los propios mecanismos del arma. Para entender cómo funciona un arma silenciada, un silenciador o un supresor necesitamos profundizar en esos tres aspectos y en este artículo abordaremos el primero.

Empecemos aclarando que la intensidad del sonido se mide en decibelios (dB) y que 0 dB equivale al mínimo sonido captable por el oído humano. El oído tiene un rango de sensibilidad muy amplio ya que es capaz de registrar el susurro de una hoja arrastrada por el viento y el de una turbina de avión varios millones de veces más ruidosa. Dada esta gran sensibilidad, la escala de intensidad no sigue una progresión lineal sino logarítmica, dicho en cristiano: un sonido de 20 dB no es veinte veces más intenso que uno de 0 dB sino 100 veces más y un sonido que alcanza 30 dB es mil veces más intenso. El rango de sensibilidad de nuestro oído hace que pase por alto cambios de intensidad del doble o del triple, por ello se emplea este método de medición. Dicho esto, un susurro suele andar por los 15 dB, una conversación normal entre dos personas alcanza unos 60 dB y los disparos de armas de fuego como pistolas, rifles y escopetas andan en el orden de los 130 - 180 dB dependiendo del calibre, el largo del cañón, el tipo y la cantidad de propelente usado en la munición, entre otros factores.

Disparar un arma de fuego moderna implica hacer que se inflame la pólvora que contiene el cartucho. Esta entra en combustión (que no explosión) y produce un gran volumen de gas en un muy corto período de tiempo, los gases se expanden y tratan de salir por el lugar que ofrece menor resistencia, eso suele ser a través del cañón empujando al proyectil hacia el exterior. Una vez que el proyectil abandona el cañón, los gases salen violentamente junto con partículas de pólvora aún en combustión provocando una gran perturbación en la atmósfera circundante al alcanzar un medio con más baja presión. Cualquier método empleado para atenuar el ruido de ese momento pasa por reducir la presión de los gases antes de que alcancen el exterior del arma y eso se ha logrado usando tres principios diferentes: A) Haciendo pasar los gases por compartimentos (llamados "baffles") para que generen turbulencias que reducen la presión progresivamente. B) Convirtiendo la energía de los gases en esfuerzo mecánico. C) Conteniendo los gases en el interior de sistemas cerrados y filtrándolos paulatinamente al exterior a través de tejidos o mallas que les hacen perder temperatura antes de llegar al exterior.
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| El silenciador Maxim M1909 |
En 1902 un tal Hugo Baudisch patentó en Berlin un sistema silenciador provisto de una válvula que cerraba el cañón tras la salida del proyectil, confinando los gases en el interior del arma. El sistema Baudisch era complejo mecánicamente hablando y eso comprometía su fiabilidad, por lo que nunca llegó a ser popular. En 1907 Hiram Percy Maxim, hijo del célebre Hiram Stevens Maxim (inventor de la ametralladora homónima), presentó dos prototipos de silenciadores, uno de ellos basado en el sistema Baudisch pero al que le había añadido una segunda válvula y cámaras paralelas al cañón donde se expandían progresivamente los gases (perdiendo presión) antes de ser liberados al exterior. Esto sumaba más complejidad por lo que fue aún menos popular. Pero el segundo modelo era harina de otro costal, se trata de un tubo que se enrosca a la boca del cañón y en cuyo interior hay pequeños compartimentos curvos que generan turbulencias y movimientos vertiginosos a los gases que siguen al proyectil. El movimiento sinuoso reduce la velocidad, la temperatura y la presión de los gases que llegan mucho más "calmados" al exterior. En 1909 el joven H.P. Maxim patentó una mejora del segundo prototipo de
1907 que se convertiría en el primer silenciador comercialmente exitoso
de la historia y serviría de base para una infinidad de desarrollos
posteriores. En 1908 el alemán Paul Schauer diseñaba un sistema silenciador similar al de H.P. Maxim pero en el que se reemplazaban los compartimentos curvos por deflectores cónicos, principio que sigue en uso a día de hoy en silenciadores modernos dada su efectividad y facilidad de fabricación. En 1910 Carl Billerbeck (alemán también) patentó un silenciador que tenía en su interior deflectores cónicos móviles, unidos por muelles que cedían ante la presión de los gases, por lo que parte de la presión se convertía en trabajo mecánico. Con la llegada de los materiales plásticos a la industria, los sistemas del tipo C evolucionaron y se cambiaron las válvulas por membranas elásticas que son perforadas por el proyectil pero que vuelven a cerrarse a modo de sello. Durante la IIGM se emplearon muchos silenciadores basados en ese sistema que requerían cambiar los sellos plásticos cada pocos disparos.
En el video puede verse una simulación de dinámica de fluidos que ilustra la pérdida de velocidad de los gases al atravesar un silenciador moderno basado en el principio "A" (el de los compartimentos). Según el gráfico de colores, la velocidad de los gases en la salida del silenciador es apenas superior a 500m/s, mientras que en la entrada alcanzan casi unos 1000m/s.
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Rayos X de distintos silenciadores, nótese que en muchos de
ellos se emplean combinaciones de los tres principios. |
Un silenciador moderno, fabricado para uso militar, es capaz de reducir en unos 30db la intensidad del sonido de un disparo. La mecánica interior del silenciador afecta a la frecuencia del sonido más que a su intensidad, por lo que la misma arma, disparando la misma munición, puede sonar más aguda o más grave dependiendo de la tipología del silenciador que se le acople, esto es importante porque puede hacer que un disparo no suene como tal. La diferencia entre disparar con o sin silenciador puede parecer escasa, sin embargo, en términos militares es importante poder "enmascarar" la posición del tirador dificultando su localización por parte del enemigo y esa es la utilidad de esos ~30db menos. Muchos silenciadores actúan también como "apagallamas" reduciendo o eliminando el fogonazo producido por el disparo y que, dependiendo del arma y de las condiciones lumínicas del ambiente, pueden delatar visualmente la posición del tirador. Otro punto importante es que un silenciador suele reducir el retroceso total del arma entre un 15 y un 30%, el retroceso se produce por el mismo efecto que impulsa un cohete: gas saliendo a alta presión por un tubo. Si se reduce la presión con la que escapa el gas, se reduce el empuje en dirección contraria.
Como en muchas otras ocasiones vemos que Hollywood nos ha vendido una idea acerca de los silenciadores que es, en la mayoría de los casos, exagerada o directamente errónea. Utilizar una almohada, una botella u otros componentes aún más bizarros, no convierten un arma de fuego en una máquina de suspirar.
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Aunque a priori parece una buena idea,
lo del gato-silenciador no funciona, créanme. |